24 febrero 2006

Aniversario

En esta nueva mirada sobre el 23F después de veinticinco años, entre tanto artículo, reportaje, entrevista y especial, redescubro detalles que no había apreciado hasta ahora y sin los que no es posible dar la medida exacta de aquéllo. Confieso que las universales imágenes del mostacho bajo un tricornio dando voces y su tropa pegando tiros ya casi no me impresionan. Y aunque no se borre nunca la sensación de estupor e impotencia que transmite el cuadro de los representantes de la soberanía aplastados contra el suelo bajo una lluvia de balas, ni la de dignidad -y de cojones, que todo hay que decirlo aunque suene cuartelero- del Vicepresidente, del Presidente y de Santiago Carrillo, tengo la impresión de que mi mirada se ha ido transformando en este tiempo y que empiezo a sentir como si en vez de a través de mis ojos mirase por los de Berlanga.

Aunque ya sabía que el cuerpo de asalto eran chavales que esos días hacían un cursillo de tráfico en Valdemoro, que ya tiene lo suyo, y que pretenden que creamos que creían que iban a abortar una operación terrorista -que es como si a mí me convoca Luis Aragonés para el proximo partido de la selección-, lo que desconocía es que en el bar del Congreso los guardias pasaron la tarde despachando y tirando cañas, y pinchos, y hasta tabaco, para ellos y los periodistas, o que algunos otros sin misión específica aprovecharon las horas muertas para hacer turismo por las instalaciones del Congreso y visitar despachos, corredores e incluso la biblioteca. Si fuese hoy se hubieran hinchado a hacerse fotos unos a otros con los móviles, como los que tomaron Perejil.

Y aunque no pretendo restarle dramatismo al episodio de la saca de los líderes del hemiciclo a punta de metralleta, lo cierto es que, salvo a Suárez, al resto -González, Guerra, Carrillo, Rodríguez Sahagún y no sé si algún otro- los llevaron a una sala de ciertas dimensiones y los pusieron a cada uno en una esquina, sentados en una silla y ¡mirando a la pared!. No se puede negar que la estampa se las trae. Y ya en el colmo, Fraga, haciendo de sí mismo y con cierto complejo porque no le hubieran sacado de allí encañonado como a los demás, se puso a vociferar al amanecer que le disparasen ya de una vez, a abrise la camisa y a montar escándalo hasta que no quedó otra que llevárselo a un despacho, donde muy digno aprovechó un enchufe para afeitarse. Y no se duchó porque no tenía a mano las chanclas del gimnasio.

No recordaba tampoco que Calvo Sotelo, con flema inescrutable, advirtió a los guardias para desconcierto de éstos, que las sillas que destripaban frente a la tribuna (dicen que para hacer una pira por si cortaban la luz para un asalto de los GEO, pero bien podría ser para asar unas morcillas, tal como estaban las cosas) eran nada menos que isabelinas.

Aunque nada como la imagen de ese personaje de revista -de varietés me refiero- que era Tejero pistola en ristre. Con un nombre así, como de toro, el tricornio, las patillas y el bigote se dan por supuestos. Un tipo así sólo podía llamarse Tejero y haber nacido para salvar a España.

A veces pienso si todo aquéllo no lo montaron los redactores de El Jueves.

16 febrero 2006

Los Principios y Putin

Escucho a un predicador radiofónico afirmar que por fin en España vamos a tener unas horas de firmeza en la lucha contra el terrorismo. Las que dure la visita del ruso Putin, porque aquí en casa, ya se sabe, el Gobierno cobarde ha rendido el Estado a ETA.

Putin es ese hombre que en el debe de su 'firmeza' cuenta con ciento cincuenta muertos entre los espectadores del teatro Dubrovkna, ­secuestrados por chechenos cuando asistían a un musical y que fueron gaseados por las fuerzas rusas al tratar de gasear a los secuestradores, con la idea de que el gas seleccionaría sólo a los chechenos de entre todos los ocupantes de la plantea. Y que tiene en su cuenta los trescientos muertos entre los niños del colegio de Beslán sobre cuyas pequeñas espaldas se desplomó la escuela bajo el fuego de artillería ruso cuando no llevaban ni dos días retenidos también por chechenos. Se conoce que en Rusia no hay buenos negociadores, o que la escala de prioridades ante una crisis con rehenes al uso en cualquier Estado democrático allí está invertida. Hasta Fujimori esperó un mes antes de ordenar el asalto de la embajada japonesa en Lima, que había sido tomada con selectos rehenes del cuerpo diplomático por Sendero Luminoso. Y se hizo con un coste mínimo en vidas entre los secuestrados.

En una entrevista publicada con ocasión de su visita, Putin afirmó de los terroristas que 'había que matarlos como a ratas'. Y el predicador y su coro, gente de principios, como les gusta definirse, jaleaban aquéllo entre admirados y adheridos a su discurso. Y se choteaban, y no se imaginan cómo, de Rodríguez Zapatero. Qué cosas.

Ocurre que éstos de los principios son los mismos que desgarraron sus vestidura y cuerdas vocales con aquello del GAL ¿se acuerdan?, del “señor X”, los mismos a cuya moral repugnaban el crimen y los atajos empleados contra terroristas, y que un día sí y al otro también, y eran tiempos con decenas y decenas de asesinados cada año, llamaban asesino -y le siguen llamado- a aquel otro Presidente, González, precisamente del mismo partido que Zapatero.

A lo que se ve estos principios valen para todo. Para una cosa y su contraria. Siempre, claro, que sirvan para apuntar al mismo sitio. Créanme. No se engañen. Como lo dijo Sancho Panza, tal es: en verdad les suda el hopo. Todo. La firmeza, los principios, los valores, el terrorismo, sus víctimas, la legalidad, la ilegalidad, el catalán, la unidad de España -qué hartazgo-, la Constitución, la tarara y lo que se ponga por delante.

PD. Durante su visita, Putin anunció la conveniencia de establecer un diálogo con Hamás. Y les invitó a Moscú. Y ya no sé que dijeron los que celebraban lo de las ratas ante esta muestra de vergonzante claudicación, porque mi aguante no dá para tanto.

01 febrero 2006

Matrimonio y patrimonio

Una de las ideas-fuerza (que no argumento) que venimos escuchando del pensamiento católico conservador opuesto al reconocimiento del matrimonio homosexual afirma, basándose en razones etimológicas o lingüísticas, que la palabra matrimonio sólo puede designar la unión heterosexual -supongo que al vincularla con el latino mater-, ya que en otro caso se desnaturalizan el concepto y la substancia de la institución, se deshace perniciosamente un pilar esencial del orden social y bla, bla, bla ... hasta llegar a un punto en que dejaremos de ceder el sitio a embarazadas y ancianos en el autobús.

A nadie se le escapa que cualquiera que hubiese sido la denominación dada por el legislador a la unión homosexual paramatrimonial, quienes oponen lo anterior opondrían cualquier otra cosa. Eso es seguro. Pero sin embargo en esa originalidad etimológica elevada a categoría(¡la misma palabra lo dice!, afirman, matrimonio-mater-madre) está encerrado efectivamente su orden social. El orden social de quienes así se expresan; el orden según el cual el matrimonio es el vehículo para que la mujer para y no la unión libre y responsable de dos personas iguales en derechos y obligaciones. Un orden excluyente, separador y al gusto de curas cruzados y de la sección femenina, el mismo orden que iba a ser reventado por la ley del divorcio en 1981, gracias a la cual, por cierto, ministros de la derecha han podido cambiar de matrimonio como de camisa.

Días atrás, al redactar la apelación de una sentencia dictada en un juicio de separación, escribí algo semejante a "el cónyuge es titular de la mitad del patrimonio del matrimonio". Y viendo escritas tan próximas las dos palabras no pude evitar determe en esta reflexión. Y es que, si existe, la asociación de matrimonio con mater-madre utilizada por esta nueva inquisición, será la equivalente a la de patrimonio con pater-padre. Digo yo. Y patrimonio significa bienes y derechos, recursos y poder.

Y aquí está la clave de su orden social. El que siempre ha sido. El de la dominación. El hombre el poder y la mujer el parto. El de Rouco. El de la Concapa y los pancartistas y exaltados de nueva hora. Y el de quienes se manifiestan con ellos.

Recuerdo aquéllo que se escuchaba en las concentraciones de Loden, Cristo Rey y damas de rastrillo y caridad en 1980: si quieres divorcio, no te cases. Que no obligan, añado yo. Pues eso. Si eres heterosexual no te cases con alguien de tu sexo, que no obligan, y no des más la matraca.