31 marzo 2006

Marbella

Alarmarse hoy porque varias dotaciones policiales acordonen el Ayuntamiento de Marbella, ordenen el desalojo de todo su personal, se lleven detenidos a la Alcaldesa, varios concejales, el Secretario y más de una decena de funcionarios, se incauten de los ordenadores y de toneladas de documentación resulta de un candor infantil. De hecho, lo único que sorprende, más allá de lo aparatoso de la operación, es que se haya llegado hasta aquí.


1994. Aquel año la ciudad de Marbella, en el tercer aniversario de la apropiación de su Ayuntamiento por Jesús Gil, con su escudería de hijos, empresas, rocieras, camareros, chulos, blanqueadores, traficantes y ex-futbolistas afanados en fundar una nueva Sicilia en la Costa del Sol, acogió en uno de sus selectos clubes de golf la fundación de un extraño y oscuro sindicato de intereses pomposamente proclamado como Asociación de Escritores y Periodistas Independentes.

Les movía un noble interés, la anticorrupción y la regeneración moral de España. Por eso eligieron la nueva Marbella. Por eso después de fotografiarse organizaron su buena paparota con su anfitrión, el Alcalde Gil, para lamentarse, con grasa de frituras en las comisuras de la boca y copas llenas de gran reserva, de aquellos "chorizos socialistas". Y por eso a los postres incluso alguno aprovechó para arreglar con Gil su propio negociete con recalificación de por medio. La nueva Marbella. Deslumbrados entonces por el fenómeno Roldán, cuyo desfalco había desvelado la prensa -muy meritoriamente, desde luego- y del que, nos dijeron, encarnaba la degeneración absoluta de nuestro sistema hasta el punto de ser necesaria prácticamente su refundación, no fueron capaces siquiera de intuir que aquéllo era delincuencia común comparado con lo que llevaba tres años orquestando su orondo y liberal anfitrión.

En su libro sobre el aniversario del 23-F, Francisco Medina describe con detalle las conspiraciones urdidas durante 1980 por Ansón en su comedor de Director de la Agencia Efe contra un Suárez caído en desgracia. Banqueros, militares, agentes del CESID -o como entonces se llamase- y empresarios eran sus invitados habituales. A todos sondeaba y les proponía fórmulas escasamente constitucionales para sustituir a un Gobierno que conducía al país al desastre.

Ansón resultó ser un tipo eternamente repetido, como las mañanas en La Colmena (cuyo autor, el que luce de amarillo en la foto, pasó de gran escritor a esperpéntico contador de billetes), y pocos años después de aquella agradable jornada marbellí supimos por él mismo que aquella historia de los escritores y los periodistas independientes no era más que otra de sus conspiraciones. Había que forzar la presión periodística sobre el Gobierno de González hasta donde fuera posible y llevándose por delante a quien hiciera falta.

Yo conservo como un tesoro un ejemplar de las portadas de ABC de 1995 y doy fe, aboluta, de que así fue.

Roldán era en 1994 como Marbella en 2006. Muy poco comparado con lo que viene.

23 marzo 2006

Alto el fuego permanente

A algunos parece que el anuncio de alto el fuego permanente por parte de ETA les haya sentado como una mala patada en el vientre. Y que cuando, forzados por la situación, se ven obligados a decir ante la opinión pública cosas elementales como que supone una oportunidad, o esperanza u otras expresiones de semejante intención, lo hacen como mordiéndose el labio por dentro y ahorrándose las últimas letras. Aquí en España hace tiempo que muchos han perdido la perspectiva y por lo visto, para ellos, lo único aceptable no es sólo que ETA se disuelva -aspiración de cualquier ciudadano civilizado- sino que sus cuadros pidan el ingreso en el PP.

Las buenas palabras de la oposición ayer en el Congreso fueron sólo aparientes y fruto más de una situación de KO momentáneo que de otra cosa. Pero hoy sus portavoces vuelven a estar ya en plena forma. No preocuparse. Pase lo que pase y haga lo que haga el Gobierno, se estará pagando un precio político a la banda. Esta sentencia está ya dictada. De hecho una parte importante de ese precio ha sido ya pagada con la aprobación en la Comisión Constitucional del Proyecto de nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, según el fino análisis de Oreja, cuyo respeto por los electores y representantes catalanes está algo verde, y que se muestra alarmado porque lo que ETA pretende es el derecho de autodeterminación del País Vasco. Pues sí que sorprende la cosa. Lo mismo el ex ministro esperaba un comunicado que diera vivas al Rey.

Y es que si ETA pasa de ser una organización terrorista a ser un grupo que, por métodos pacíficos y siempre que sus criminales no queden impunes y cumplan sus deudas con el Estado y sus víctimas, impulsa la autodeterminación del País Vasco, o la anexión de Navarra, o la reunificación con el País Vasco Francés, se habrá ganado la batalla. Porque de eso se trataba. Y la respuesta a sus aspiraciones políticas la darán los ciudadanos por los conductos habituales en democracia y con más madurez que la que muchos les suponen. Si no que pregunten a Ibarretxe, que pretendió refrendar por vía de elecciones autonómicas aquel Plan de su mismo nombre rechazado por el Congreso y salió, con 140.000 votos menos, escaldado de su apuesta.

En política comparada estas cosas funcionan como aquí las empezamos a ver. Y, cuando se hace evidente una situación de movimiento como la que se está produciendo, las apelaciones a que sólo valga el comunicado de la autodisolución con petición de perdón, renuncia a objetivos y que los terroristas se presenten cada uno y por su pie en la cárcel más próxima a su domicilio no sirven para nada si de verdad se quiere que esto termine, considerando el soporte social de que goza ETA y su capacidad para regenerarse ad infinitum. Afirmar ésto, salvo en la destructiva lógica de Aznar, no es ser cómplice ni amigo de los verdugos. Porque si se conducen adecuadamente las nuevas circunstancias tal vez lleguemos a un resultado que de otra forma no se conseguiría. Las pretensiones políticas que hasta hoy se apoyaban en bombas se canalizarán por los cauces de la democracia, o lo que es lo mismo, en la voluntad de los ciudadanos, y se podrá incluso con el tiempo obtener algo que se parezca al perdón o a la reconciliación.

Nadie pareció amargado en 1998, cuando el Gobierno se encontró de rebote con una tregua en cuya gestación no intervino y que no pudo pilotar ni conducir. De hecho cuando se hizo pública Aznar estaba en algún país de Sudamérica. Una tregua pactada entre ETA y el PNV, que se anunció con un duro comunicado en la antípodas del que se hizo público ayer, tanto en el fondo como en la forma, en el que expresamente conminaba los nacionalistas vascos a la ruptura de cualquier contacto con España y exigía la constitución inmediata y como paso previo a cualquier proceso, de instituciones radicalmente anticonstitucionales como Udalbiltza. Fue la contribución de ETA al acuerdo de Lizarra.

Nada que ver con la nueva situación, mucho más esperanzadora para todos, salvo para esos sujetos de nuestro paisaje nacionalcatólico, cuya calificación se hace cada día más difícil, a los que incomprensiblemente la declaración de alto el fuego les ha jodido la cuaresma.

21 marzo 2006

Evidencias


La foto está tomada en Beta, Cisjordania. Cuando el niño crezca quizá llegue a inmolarse dentro de un autobús en cualquier ciudad de Israel. El fundamentalismo religioso, el fanatismo o la manipulación ideológica serán los factores que se aduzcan para explicarlo y para condenarlo. Pero, ¿estamos seguros de que sólo esa es la explicación? Yo no. Yo creo que es sólo su mitad.

14 marzo 2006

Lo dice ABC

"Desde la COPE no sólo se ha puesto en solfa la proyección exterior de España y se ha tratado de reventar el sistema de medición de audiencias de radios y diarios -que, siendo sin duda mejorable, debe intentarse desde la lealtad y los procedimientos más profesionales y transparentes-, sino que, además, se produce un constate ataque -desmedido e injurioso- a las instituciones del Estado, incluida la Monarquía, sin que de esta lluvia de improperios se libre el líder de la oposición. Tales ataques se perpetran, a mayor abundamiento, en unos términos abusivos y ad hominen, sin el más mínimo reparo para la intimidad, el honor y la imagen pública de los que resultan habitualmente vilipendiados de manera constante en no pocos programas de esta red de emisoras".

13 marzo 2006

Marzo 11 de nuevo

Al cumplirse dos años de las explosiones de los trenes de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, rebrotan las teorías conspirativas de algunos extravagantes y megalómanos investigadores a los que, por fortuna para nuestra precaria salud convivencial, nadie hace caso ya. Porque bajo la falsa coartada de la búsqueda de la verdad, lo que anida en el origen de esta insidia es un radical prejuicio ideológico contra el actual gobierno del Estado, la falta de reconocimiento de su legitimidad y del valor del voto de los ciudadanos y un montaje al servicio del interés de los anteriores gobernantes.

A poco que uno siga cualquiera de estas tramas, y ya van unas cuantas, verá que lo que se mueve a su alrededor son todavía los ecos de la rentable inercia en el tratamiento del terrorismo que el Partido Popular supo manejar como nadie y que aquel día le estalló entre las manos con toda su crudeza.

Esa inercia no es otra que el resultado de la estrategia, diseñada por el nocivo tándem Aznar-Mayor y apuntalada por el repugnante coro de palmeros y pesebristas que tanto menudeaba entonces y ahora, de vinculación de los actos terroristas y sus efectos políticos con la discrepancia ideológica, de visión o de método, con la política gubernamental en casi todos los frentes, que solía dejar al adversario desconcertado, balbuceante e impotente.

Carod-Rovira, de quien llegó a decir Acebes que se alegraba de que los atentados fueran en Madrid, es la imagen de aquella estrategia llevada casi hasta sus últimas consecuencias. Pero ni fue el último ni el único en padecerla. Todos recordamos cómo tras cada crimen de ETA, después de las condenas de rigor, los aznares, mayores y acebes, y aquella pestilente jauría periodística que en buena hora Arzalluz definió, quedándose corto, como Brunete Mediática, gastaban el grueso de su munición exigiendo cuentas y repartiendo culpas entre el resto, como si al Gobierno –responsable político de la seguridad de los ciudadanos- aquello le fuese ajeno.

La comprensible denuncia de responsabilidad política por parte de los demócratas al entorno de los terroristas –Ajuria Enea- dio paso a una escalada en la que casi cualquier discrepante era señalado con el dedo de la nueva inquisición y acusado de equidistancia, debilidad, complicidad y de otras zarandajas por el estilo, de no querer combatir el terrorismo y hacer el juego a los terroristas en definitiva. Víctimas de aquello quedan muchas y no sólo en el ámbito de la política. Iñaki Gabilondo y Julio Médem son claros ejemplos. A este último, uno de los directores de más categoría del cine español, le llamaron, varias veces, asesino y amigo de los asesinos en una entrega de premios Goya un grupo de energúmenos a los que la Ministra de Cultura Del Castillo no dejó de estrechar su mano aquélla noche. También quedan víctimas en el reverso de esta amarga moneda. Redondo Terreros quedó atrapado en aquella trampa y ahora apenas tiene más oficio que vagar patéticamente por radios y periódicos criticando a su partido; o lo que se constituyó como Foro de Ermua tras el crimen de M.A. Blanco, convertido hoy puramente en una célula exaltada de extrema derecha.

Así estaban las cosas aquélla mañana en la que, llevado por esa envenenada inercia, el Gobierno, con sus locutores y tertulianos montaraces, tardaron menos de cinco minutos en empezar a hacer política con el atentado, la única que sabían, y a frotarse las manos con las elecciones a tres días vista. Esto ya nadie lo discute. Pruebas no faltan. Las radios llamando obsesivamente a Carod-Rovira acusándole no se sabe bien de qué, Acebes tildando de miserable a quien pusiera en duda que aquéllo era obra de ETA, la misma ETA de la que tanto partido habían sacado; el Presidente del Gobierno al habla con cada uno de los directores de periódicos importantes conminándoles a que en sus crónicas atribuyesen a ETA la autoría (por cierto que en su primera edición después del atentado La Voz de Galicia atribuyó sin duda la autoría del crimen al terrorismo islamista; EL PAÍS, contrariamente, la atribuyó a ETA, como el Gobierno decía; y sin embargo su grupo editor soporta el estigma de la mentira); el Ministerio de Asuntos Exteriores cablegrafiando a todas las embajadas de España para que sus titulares atribuyesen expresamente a ETA el atentado en cuanta ocasión se les presentara; la condena obtenida en el Consejo de Seguridad de la ONU con una inédita mención expresa a ETA. No son las únicas evidencias de aquélla desbocada acción política. Hubo más. Como la convocatoria de una manifestación el día siguiente de forma unilateral por el Presidente del Gobierno y no por el arco parlamentario, relegado a mera comparsa –Gil Calvo dixit-, con eslogan de clara intención política electoral impuesto por Aznar, o la constitución de un gabinete de crisis en torno a un tal Timmermans, entonces Secretario de Estado de Comunicación, que ya lo dice todo.

Lo cierto es que el Gobierno había empezado a hacer política mucho antes. Cuando integristas islámicos atacaron con bombas el Restaurante de la Casa de España en Casablanca causando varios muertos. En aquella ocasión, los responsables gubernamentales, como si el común de los votantes fuese imbécil, se apresuró a afirmar que el atentado tuvo lugar en la Casa de España como podía haberlo tenido en la Casa de Uzbekistán, todo con la vana intención de evitar su asociación con la guerra de Irak y su coste político.

Lo terrible es que al parecer se lo creyeron. Y ante lo que fue expresión de una patente amenaza y evidencia la nueva situación de riesgo en la que se encontraba España, incluso desoyendo recomendaciones de mandos policiales y de inteligencia, no se tomó absolutamente ninguna medida. Son datos de la Comisión Parlamentaria. Y el Ministro responsable de aquello aún va por la vida repartiendo mandobles dialécticos, acusando y pidiendo explicaciones a los demás por el 11-M.

Uno tiende a pensar que cualquier investigación periodística de un episodio de esta naturaleza es la que parte de que, como dato cierto, los sistemas de seguridad fallaron clamorosamente para buscar esos fallos, identificar a sus autores, a sus responsables políticos y someterlos al juicio de la opinión pública, garantizando la realización de su derecho fundamental a la información frente a las manipulaciones del poder.

Pero nada más lejos de la realidad en este yermo intelectual. Esta investigación lo único que persigue es encajar piezas de un puzzle tramposamente recortado precisamente para lo contrario. Vaya con el cuarto poder. Y basta sólo un dato para corroborarlo. Si el 14 de marzo el resultado electoral hubiera sido el inverso en la correlación PSOE-PP, con victoria de éste último, ninguno de estos falsos epígonos del watergate hubiera gastado un minuto en investigar nada. Ni se hablaría de conspiraciones. Ni pruebas falsamente puestas para desviar la investigación, ni nada de nada. Porque no habría nada que justificar. Los españoles habrían votado, conmocionados pero con madurez. Y sin cobardía.

Sin embargo todo falló desde el principio. ETA no les hizo aquel último regalo y el estudiado guión de las ocasiones anteriores fue desbaratándose bajo el peso implacable de unos hechos que no encajaban ante una ciudadanía masivamente atenta a los acontecimientos. Y por una vez, el impotente y el balbuceante fue el Gobierno, cuyo comportamiento fue el de un niño enrabietado pillado en falta, incapaz de asumir su culpa, y cargándola sobre los demás, empezando por los propios ciudadanos, a quienes desde entonces y en un ejercicio letal para la democracia, se acusa de haber votado manipulados, engañados, dirigidos por algo parecido a un contubernio franco-marroquí, en connivencia con el PSOE a través de policías corruptos a su servicio que reclutaron confidentes y delincuentes comunes, apoyados por ETA y su logística, todo preordenado a producir un determinado resultado electoral. En ese camino ha valido todo. Lo último que se ha podido escuchar es la especie insidiosamente difundida de la existencia de pactos secretos entre Henri Parot y Rodríguez Zapatero para silenciar la intervención de ETA a cambio de su pronta libertad.

Y si aparecen fallos en la investigación o evidencias de fisuras en los sistemas de seguridad, en el control de los explosivos por la Guardia Civil o hasta en los controles de tráfico que no impidieron el tránsito de las bombas montadas en Morata de Tajuña, se cargan siempre, como partes de una conspiración, en el debe del actual gobierno. Jamás en el del anterior, en el que ostentaba la responsabilidad cuando ocurrió.

Produce escalofrío ver el concepto en que tenían aquellos gobernantes a su sociedad, a la que achacaron haberse rendido ante los terroristas por no haberles dado (precisamente a ellos, a quienes no supieron evitar el mayor atentado ocurrido en suelo europeo desde 1945) la victoria. Pero también sobrecoge la idea de que nada de esto existiría de haber sido otro el resultado. Porque en el origen de todo está el hecho de que quien perdió las elecciones el día 14 de marzo de 2004 no ha asumido resultado electoral, y se considera víctima de los votantes.

De haber obtenido la victoria el Partido Popular -siempre me he preguntado, siguiendo la misma lógica aplicada por esta formación- ¿es que acaso sus votantes no hubieran estado bajo los efectos del atentado, como el resto de ciudadanos? ¿es que acaso no hubieran estado manipulados, como achacan a los demás? ¿acaso no vieron en TVE-1 la película Asesinato en Febrero, sobre la muerte del socialista Fernando Buesa y su escolta a manos de ETA, cuidadosamente escogida en la noche de reflexión? ¿no leyeron en El Mundo una entrevista a doble página al candidato Rajoy el día de reflexión donde pedía el voto? ¿no fueron a la misma manifestación que yo, perfectamente dirigida a mayor gloria propia por el Presidente del Gobierno? ¿no vieron en las distintas televisiones al Portavoz del Gobierno la noche de reflexión?

Hay unos cuantos tipos sueltos por el Congreso y por algunas redacciones que algún día pagarán de verdad el daño que están haciendo. Tipos que mandaban entonces y a los que no les tiembla la voz al andar por ahí pidiendo ‘la verdad’ cuarenta mil folios después. Que campan por sus respetos afirmando un día sí y otro también que el nuevo Gobierno quiere ‘ocultar la verdad’ porque le salpicaría. Por cierto que hoy algunos hablan ya de anular el sumario. Su única verdad es que jamás llegue a saberse, por ver si escapan al juicio de la historia sobre uno de los episodios más indecentes de nuestro presente.

06 marzo 2006

El Partido

Esa emisora que tanto aprecio nunca deja de sorprenderme un punto más. Refiriéndose a la victoria in extremis de los socialistas en las elecciones generales de 1993 y a los esfuerzos por impedirlo del frente de derribo periodístico-popular forjado entonces, oigo que el locutor afirma: "entonces los medios hicimos nuestro trabajo, quien bajó la guardia fue el partido". El partido. Suena como leninista ¿verdad?, a lenguaje de frentes y vanguardia revolucionaria. Parece dicho por la Pirenaica desde Bucarest. Pero, cosas veredes, es de la COPE. Y es que en la COPE ya se refieren al Partido Popular como "el partido”, sin apellido, del mismo modo en que nombraban al Partido Comunista en Mundo Obrero. Con la diferencia de que en la mancheta del viejo diario se decía bien claro: "órgano de expresión del Partido Comunista de España", y eso hacía las cosas mucho más sencillas para todos, empezando por el personal de aquel periódico, que no tenía que andar perdiendo el tiempo en explicarse, ni nadie les pedía explicaciones ni les criticaban en otros medios. Cuando en las cuñas de autopromoción de la COPE sus locutores añadan "órgano de expresión del Partido Popular" podrán hacer su trabajo mucho más cómodamente, sin tener que escudarse ya más bajo solemnes principios para su diario combate incivil, y más relajadamente podrán ser escuchados.