Marbella
1994. Aquel año la ciudad de Marbella, en el tercer aniversario de la apropiación de su Ayuntamiento por Jesús Gil, con su escudería de hijos, empresas, rocieras, camareros, chulos, blanqueadores, traficantes y ex-futbolistas afanados en fundar una nueva Sicilia en la Costa del Sol, acogió en uno de sus selectos clubes de golf la fundación de un extraño y oscuro sindicato de intereses pomposamente proclamado como Asociación de Escritores y Periodistas Independentes.
Les movía un noble interés, la anticorrupción y la regeneración moral de España. Por eso eligieron la nueva Marbella. Por eso después de fotografiarse organizaron su buena paparota con su anfitrión, el Alcalde Gil, para lamentarse, con grasa de frituras en las comisuras de la boca y copas llenas de gran reserva, de aquellos "chorizos socialistas". Y por eso a los postres incluso alguno aprovechó para arreglar con Gil su propio negociete con recalificación de por medio. La nueva Marbella. Deslumbrados entonces por el fenómeno Roldán, cuyo desfalco había desvelado la prensa -muy meritoriamente, desde luego- y del que, nos dijeron, encarnaba la degeneración absoluta de nuestro sistema hasta el punto de ser necesaria prácticamente su refundación, no fueron capaces siquiera de intuir que aquéllo era delincuencia común comparado con lo que llevaba tres años orquestando su orondo y liberal anfitrión.
En su libro sobre el aniversario del 23-F, Francisco Medina describe con detalle las conspiraciones urdidas durante 1980 por Ansón en su comedor de Director de la Agencia Efe contra un Suárez caído en desgracia. Banqueros, militares, agentes del CESID -o como entonces se llamase- y empresarios eran sus invitados habituales. A todos sondeaba y les proponía fórmulas escasamente constitucionales para sustituir a un Gobierno que conducía al país al desastre.
Ansón resultó ser un tipo eternamente repetido, como las mañanas en La Colmena (cuyo autor, el que luce de amarillo en la foto, pasó de gran escritor a esperpéntico contador de billetes), y pocos años después de aquella agradable jornada marbellí supimos por él mismo que aquella historia de los escritores y los periodistas independientes no era más que otra de sus conspiraciones. Había que forzar la presión periodística sobre el Gobierno de González hasta donde fuera posible y llevándose por delante a quien hiciera falta.
Yo conservo como un tesoro un ejemplar de las portadas de ABC de 1995 y doy fe, aboluta, de que así fue.
Roldán era en 1994 como Marbella en 2006. Muy poco comparado con lo que viene.

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